
29 Jul Viernes 1 de agosto, conferencia sobre Lluis Mercader en la Cartuja de Valldecrist
El próximo viernes, a las 19:00 horas, dará comienzo el ciclo de actividades culturales “Valldecrist: ámbito de culturas 2025”, organizado por la Asociación Cultural Cartuja de Valldecrist, contando con la colaboración del Ayuntamiento de Altura y la Fundación Bancaja Segorbe. Tras la inauguración del ciclo de actividades se ofrecerá, a las 19:15 horas, la conferencia “Lluís Mercader vuelve a la cartuja de Valldecrist” a cargo de Agustí Ferrer Clari, director de las excavaciones arqueológicas en la Cartuja de Vall de Crist (1986-1991).
Lluis Mercader fue embajador y confesor del rey Fernando el Católico, Ignacio de Loyola, el papa Benedicto XIII, entre otros. Fue prior de la Cartuja de Valldecrist en dos periodos, de 1489 a 1491 y de 1494 a 1511, en ambos prioratos las rentas y construcciones del Cenobio se multiplicaron.
Durante su gobierno se construyó la Capilla de Santa María Magdalena, próxima al pórtico de entrada de la Iglesia, en la que recibiría sepultura. También mandó construir la Capilla de Almas, situada en el claustro mayor y edificada en un edificio aislado, a los pies de esta capilla estaba la tumba de fray Bonifacio Ferrer.
Las Crónicas de la Cartuja dicen que pasados largamente más de 83 años después de su muerte, ocurrida en 1515, unos monjes abrieron la cripta para ver las reliquias del santo. Llegaron al arca en la que se encontraba el cuerpo y lo hallaron tan fresco y entero como el mismo año en que le enterraron. Tenía las barbas rubias y los hábitos tan enteros como cuando lo bajaron a la cripta, y no desprendía ningún género de mal olor. Después de haber, sus hermanos los religiosos, alabado al Señor por haber conservado incorrupto el cuerpo de Lluis Mercader, cerraron la cripta. Pasados después de esto hasta unos 50 años, que serían 134 desde su muerte, la curiosidad y la devoción de otros monjes quisieron ver sus venerables reliquias y, así, abrieron de nuevo la cripta encontrando su cuerpo tan entero y fuerte como la primera vez. Y, queriendo uno de ellos arrancarle un diente para guardarlo como reliquia, se resistió tanto como si estuviera vivo. Después de haber tomado otras reliquias volvieron a cerrar la cripta.